Pendiente de voto según Machús Osinaga de Mi reino por un caballo.

Publicado en Mi reino por un caballo de RTVE:

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Interior, noche, plano secuencia. Puerta de la sala Francisco Nieva del teatro Valle Inclán de Madrid.

Allí, con aspecto disgustado, encontramos a dos señoras de unos sesenta años protestando a un chico alto con pinta de intelectual catalán.

Las señoras son espectadoras de la nueva pieza del creador Roger Bernat, “Pendiente de Voto“, y muestran su indignación en el entreacto de la obra.

 El “gafapasta” es el mismísimo Bernat, que escucha con educación y paciencia las protestas de su público.

Sin texto, sin actores, sin dramaturgia,…

El motivo de la irritación es que estas espectadoras consideraron que habían sido engañadas, y que en realidad lo que habían visto en el primer acto no era teatro, porque allí no había actores, ni texto, ni dramaturgia, ni nada de nada.

Que eso de entrar en la sala y que te den un aparato con tres botones para votar “si”, “no” o “abstención” acerca de diversos asuntos peregrinos, era una broma de mal gusto. Que, en definitiva, les devolvieran el dinero de la entrada.

Hombre, a las señoras no les faltaba razón en decir que no había actores, pero no llegaron a comprender que ese roll estaba previsto para los asistentes a esta función.

Y tampoco parece que leyeran bien el programa de la obra, en la que se especificaba literalmente que :
“En la obra, el teatro se transforma en un Parlamento donde cada uno de los espectadores, armado con un mando a distancia con el que votar, gobierna el teatro en un hemiciclo en el que los colores políticos están por definir”.

Roger Bernat no ha pretendido que “Pendiente de Voto” sea la versión falsa de un verdadero debate parlamentario, sino la versión verdadera del falso debate vigente.

Y eso es lo que ocurrió. Un programa informático lanzaba en una gran pantalla preguntas varias a los votantes de esta particular Cámara.

Algunas de gran calado político, como si debería abolirse la monarquía; otras de carácter moral, como qué hacer con las organizaciones no gubernamentales, y otras más surrealistas, tipo “¿quieres que nieve dentro del teatro?”.

La repuesta unánime de mi asamblea fue que sí. Y nevó. Y rechazamos el servicio militar, abolimos los títulos nobiliarios, debatimos como damas y caballeros… ah, y también instauramos la Tercera República. Cosas de la Democracia.

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