Todos los fuegos, el fuego. Adán Hernández escribe sobre Trópico#9.

(2015_02_13)Trópico9_Leal_13

_EMPEZAR
Me despierto en una cama que me parece ajena aún borracho de sueño. Espabilo y entiendo que es mi cama. Lo reconozco: alrededor todo permanece inofensivamente en su sitio, idéntico al recuerdo. Y es en ese momento en que las cosas terminan de encajar en el molde de lo racional, al normalizarlas, que aparece el pánico. Ajustar este espacio al recuerdo y chequear que encaja. En ese ajuste anida la representación. Y esta no es mi cama. Esta cama no es mía. Esta no es mi habitación. Vivo en un piso alquilado. Sobre esta cama durmió otro cuerpo que respiró este aire. Mi cama, fue nuestra, la cama que compramos. La vendimos cuando nos dimos cuenta que no volveríamos a dormir juntos. Y sobre mi cama vendida se despierta ahora alguien a quien mi cama le parece propia. O ajena.

_COMUNIÓN

El pasado viernes ‘Tierra quemada – Trópico #9‘ se presentó en el LEAL.LAV, repitiendo el formato de la última propuesta porgramada, ‘Montaldo’, es decir, sobre el escenario del teatro, con el público arriba, en este caso por la técnica. Y gracias. Porque aunque la sala de cámara no está nada mal, esta ‘nueva’ e impredecible versión del LAV, poniéndonos tan cerquita que casi dentro del espacio escénico, potencia una intensidad y una magia que son las que hacen que me ponga pesado y quiera incitar a todo el mundo a no perderse estas cosas. Pero bueno. A quienes estuvimos allí, antes de empezar, la pareja de artistas nos regaló un previo, una oración para empezar a ser un poquito todxs, y no tanto uno u otra. Allí mismo, en el vestíbulo, una oración pensando el teatro como espacio no físico en el que poder decir que aún estamos juntos en esto. Si es que podemos.

_LOADING…

En escena, dos personas y pico. Laida actuó embarazada, por lo que intercambió con Txalo algunos momentos más delicados, sobre todo del principio de la pieza. La pareja integró la circunstancia dando nuevas lecturas a este arranque (intercambiando zapatos – género), y el estado de Laida ni la limitó como intérprete ni tampoco hizo a nadie caer en la trampa tonta de sobrevalorar su trabajo por algo que no se ajustara a la precisión y belleza que contenía en sí. Ahora bien, me pregunto qué cantidad de alegría inimaginable para mí puede haber en la experiencia que compartieron ella y la pequeña cosita que crece, desde allá adentro.

Sobre linóleo y panorama blancos, una bici arrastra un carrito con muchas, muchas bolsas a cuadros, tal vez de viaje, amarradas en un amasijo grotescamente grande, con forma casi de globo aerostático, de esos de ‘La vuelta al mundo en 80 días’ o de los de fondo de escritorio hortera de Microsoft. Txalo se encarga de pedalear y la cosa impresiona. El aire que levanta dando vueltas cada vez más rápidas nos da en la cara, como la propia montaña al caer inevitablemente. Bolsas o maletas que hacen de cimientos móviles y narrativos de lo que se nos presenta. Como células agrupadas, disgregadas más adelante, crean espacio material y a la vez sirven para superponer espacios simbólicos. Además, su movimiento, su coreografía, como la estructura de ‘Tierra quemada’, no es lineal. O digamos que al igual que la línea que traza la pieza, tiene pasadizos y trampas que llevan de una a otra parte, por lo que comentar la pieza siguiendo un orden cronológico probablemente no se correspondería exactamente con contarla.

_BUSCAR UN LUGAR

Los intérpretes interaccionan con el bulto descomunal. La masa se mueve, ocultándolos, dejando entrever o tapando frases proyectadas. Una lista de preguntas enigmáticas, a veces retóricas, que a la vez escuchamos en un idioma difícil de reconocer (¿era griego?). Una de ellas pregunta algo parecido a cómo podemos caminar sin movimiento. Otra dice ‘¿Cómo podemos hacer para que las cenizas no se vuelvan abono?’ Y uno como espectador empieza a agitarse. Porque ahora es divertido, pero tanto interrogante abierto… puede traer consecuencias. Y vaya si las trajo.

_NARRACIONES

  • A) Laida oculta tras la montaña de bolsas – Txalo en tacones empuja la montaña – La montaña rueda – Laida ha desaparecido – La montaña repta hacia Txalo – La montaña aplasta a Txalo – La montaña engulle a Txalo – Txalo mueve la montaña – Txalo en tacones levanta en peso la montaña.
  • B) Montaña/equipaje. Montaña/acumulación. Montaña/recuerdo. Montaña/memoria. Montaña/historia. Montaña/Diógenes. Y Sísifo desmitificado a fuerza de siglo XXI, sin saber a dónde ir, como un escarabajo pelotero con una crisis existencial.

_CONVIVENCIAS

Sobre la imagen de Txalo como Atlas, Laida habla al micrófono. Cuenta un despertar en una cama desconocida, imagen recurrida en adelante. Sobre abrirse paso entre la gente en la calle. Sobre ser un figurante borroso en las fotos de turistas adictos a sus cámaras.

Las imágenes invisibles que un buen texto genera bailan con la presencia que da la imagen del cuerpo en escena. Finas capas. Y como el texto, cada elemento entra y sale de la danza limpiamente. Músicas, luces y, finalmente, el vídeo, que merecería un capítulo aparte. Vídeos sucios. Vídeos de imagenes entrecortadas, a veces inmóviles. Vídeos de cámaras de seguridad. Vídeos de diferentes pestañas abiertas con vídeos. Vídeos que podemos ver a través de internet. Como si fueran lo normal (¿lo son?), lo doméstico. Como si nos hubiéramos domesticado a la imagen del vídeo. Como si lo proyectado en la pantalla fuera ya más confortable que un cuerpo vivo ante nosotros. Y es que nadie nos enseña el misterio del cuerpo. Y por ahí hay un fuego ardiendo silencioso, al menos unas brasas que nos aguardan.

_Y CUANDO DIJE UN CAPÍTULO APARTE PARA EL VÍDEO ERA VERDAD

Si una obra tiene un texto muy bueno suele ocurrir que el público siente la necesidad de preguntar por una edición en papel. En este caso, esa edición externa podría tener lugar con el texto, no con el vídeo. Y no porque las proyecciones de la pieza sean indisociables de la misma, sino porque como el propio Txalo cuenta en la entrevista previa para este blog, ‘Tierra quemada’ nace con la intención ideal de ser una pieza de vídeo en escena. De ahí mi insistencia en la limpieza y en esas convivencias de elementos. Cada uno de ellos está precísamente editado e insertado en su momento. Claro que el teatro ha conseguido y consigue esa limpieza si se lo propone. Pero no ocurre igual con la factura de la misma. Y es en esta forma donde encontramos el ojo del editor en lugar de la mente del guionista. Una forma que no nace del mero gusto estético, sino (¡Oh Lord! ¿Can you hear me?) de la propia dramaturgia, de la aplicación inquebrantable de ese concepto a lo largo de la propuesta. Algo que le hubiera gustado a nuestro amigo Aristóteles, pese a todo, de esas cosas que hacen que el público note que los artistas han tenido muy claro qué se traen entre manos en todo momento.

Voy a contar un secreto tonto. Cuando hago teatro y siento que saturo lo que hago, tengo una especie de ejercicio zen de andar por casa y que tiene que ver con parar. No puedo evitar recordar la escena de Matrix, sí, esa en la que Neo y Morfeo están en una nada blanca sobre la que se cargan objetos y escenarios según el código que pone alguien más. Digamos que otra parte adicional de disfrutar de ‘Tierra quemada’ fue poder ver ese vídeo en vivo y a ratos, con una mrada atenta, acceder a visualizar fragmentos de su código.

_LA PATADA EN LOS COJONES MÁS ELEGANTE QUE ME HAN DADO NUNCA (que yo recuerde)

‘Tierra quemada’ tiene espacio para el humor, claro que sí. Gracias a él, y encandilado por el atractivo de las imágenes, la música, sus encadenamientos y los significados que desencadenan, uno olvida el desasosiego en el que entró a ratos. Pero tras las risas de la escenificación de un pormenorizado tutorial que explica cómo quemar tu propia casa, la pieza nos hunde en el horror. Y aparecen las desapariciones durante la dictadura en Chile. Que son las mismas que en Argentina. Que en la Guerra Civil Española. Que en el III Reich. Las mismas porque se conbaten con el mismo fuego. Las mismas, porque todos los fuegos, el fuego. Pero por si fuera poco, la salida del horror lleva a otro más sutil y no se si irremediable, por ahora. Para salir de donde se está hundido, solo se puede subir a la superficie. Y así nos llevan a esta Europa superficial, en la que poder ‘seguir bailando hasta que todo se solucione’. Sí, amigas. Nadie dijo que la poesía no pudiera ser dañina.

Al menos eso conllevó una de tantas intervenciones geniales de Laida, que nos regaló una suerte de danza derviche con maletas, removiendo otra vez el aire, aligerando todo lo que había pasado y ya era solo ceniza.

_MINIMIZAR

El año pasado pasó por aquí la Cía. El Conde de Torrefiel. Recuerdo a Pablo Gisbert en una visita a la EAC diciendo a los alumnos de manera excitada que lo que hacían no se diferenciaba mucho del camino trazado por Lope de Vega: invocar una cosa con la palabra mientras en escena ocurría otra. Y entre ambas, la mirada y la escucha del público. Estoy de acuerdo. Y pienso que si pudiera enviarle un Whatsapp a Lope se apuntaría conmigo al Leal y luego a unas cañas.

Mas me pregunto, ¡oh gentes del teatro! ¿Dónde estais? Alumnos, actores, amateurs, docentes, no os invoco porque os eche en cara vuestra ausencia. ¿Quién soy yo para eso? Si he de decirlo es porque gusto me da encomendar a las personas que aprecio el disfrute de cosas buenas. Y evitar luego que alguna desdichada alma osara acaso hablar de intrusismos. Pues muchos son los teatros nuevos que os esperan deseando ser hechos. Pero sabed lo que os digo: sin que los acometamos, bienvenidos sean los videoartistas llegados a hacer más teatro del bueno. Porque de haber podido, conceptual y atrevido como era, Lope hubiera sido un diestro compositor de sonetos con el Premiere.

Escrito por Adán Hernández, publicado en Lagenda. Foto de Javier Pino para Teatro Leal.

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