Los interiores del arte contemporáneo.

Por Agus Pérez. Publicado en Berria. 2016-11-01. Traducido del euskera.

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En la última actuación del Festival Bad había la posibilidad de ver a la bailarina navarra Laida Azkona, no lo dudamos y fuimos a Pabellón 6, ya que hay pocas oportunidades de ver su trabajo en Euskal Herria.

En el 2014 vimos uno de sus trabajos anteriores, “MUTO, cavar un túnel a China” en las jornadas de poesía de EA y ahí se vio la clara determinación de Azkona por llevar a las tablas su euskera nativo y su visión del mundo, donde confluyen muy bien una danza contemporánea sobresaliente con el lenguaje de la performance.

Esta vez se ha unido con el perfomer chileno Txalo Toloza para adentrarse en los caminos del teatro documental. Toloza además ha tomado parte en esta edición del Bad en otras propuestas comprometidas como la performance política Numax Fagor Plus de Roger Bernat y la instalación performativa We need to talk del mismo creador. La primera habla sobre las empresas colectivizadas y en la segunda el público toma el micrófono y pone su voz a fragmentos de películas mudas.

En esta ocasión el duo artístico Toloza-Azkona investiga sobre los grandes negocios que nacen en el seno del arte contemporáneo y para trabajar sobre este tema nada más adecuado que hablar sobre los negocios cósmicos que hizo la familia Guggenheim en la producción de nitrato en el Desierto de Atacama. La familia Guggenheim, la misma que la del museo de Bilbao.

Tal como nos dijeron en la presentación, que hicieron tanto en euskera como en castellano, íbamos a tener que leer mucho durante el espectáculo, pero ha merecido la pena. Porque es a través del texto proyectadoo que hemos podido conocer las guerras seudopatrióticas del Siglo XX contra Perú y Bolivia que fueron financiadas por el clan judeo-estadounidense y las fuerzas a su alrededor, primero la city de Londres y luego Wall street. Guerras realizadas para que las riquezas del Desierto de Atacama quedarán en manos chilenas para la posterior expoliación total de Chile, en la que los presidentes del país se convierten en marionetas del capitalismo salvaje bajo la presencia todopoderosa del periódico El Mercurio también bajo las órdenes del clan.

Junto al aluvión de datos nacidos de este robusto trabajo de investigación 3 obras de artes paradigmáticas han quedado enterradas bajo el paisaje creado por los dos intérpretes con sábanas blancas, ocres y azules. Con estos elementos sencillos pero efectivos han representado el paisaje que no podía ser más seco que va desde el Océano Pacífico a Los Andes: un paisaje donde por la falta total de humedad los cuerpos no se pudren y la casas abandonadas pueden llegar a durar 25000 años por la falta de erosión.

Es en ese panorama telúrico donde nos presentan las artimañas utilizadas para conseguir grandes cantidades de dinero a través de las obras de arte y los pasos que hay que dar para enriquecerse de manera meteórica, aunque esto nos lleve a un absurdo extremo. Porque sólo el 3% de los fondos de la colección se han enseñado alguna vez. Todo el resto permanece en almacenes fortificados en ese proceso de revalorización constante del mercado del arte mientras no estalle la burbuja. Lo de ellos si que una obra  de arte.

Azkona y Toloza han estado rodeados de un diseño de iluminación poético y de una música atmosférica editada y tocada en directo. La implicación de cada uno se ha materializa de dos maneras: la saga personal de los Toloza que viene hilvanada entre datos históricos y económicos, hecho que le aporta cercanía y realismo al relato, y el pasaje que baila Azkona, en plan chamán, hacia el final que desprende paz y dignidad sobre la extensión atormentada de Atacama.

En los próximos días estarán con esta obra en el Teatro Gayarre de Pamplona. Señal de que algo ha cambiado.

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