Barbarie y amor en Atacama.

El desierto de Atacama, ese pedazo de tierra emparedado entre el Océano Pacífico y los Andes, es la patria chica de Txalo Toloza-Fernández. Hace años que abandonó aquellas tierras y se estableció en Barcelona. La escena contemporánea es su lenguaje y, aunque trabaja con otras compañías, también desarrolla su propio proyecto. Empezó con Trópico, una serie que se planteaba cuál sería su última opción de supervivencia si, vista la situación actual, se imponía la huida. Su respuesta era clara. Él regresaría a casa. Aun a sabiendas de que el desierto no se presume como el mejor refugio. Y menos el de Atacama. Pero son sus raíces. Una vez contado por qué llegar hasta aquí. Ahora se tercia relatar qué hay allí. Y lo hace en una serie llamada Pacífico. Al Festival Escena Abierta llega con la tercera entrega: Extraños mares arden. Se representa hoy y mañana en la sala de ensayos del Fórum (20.30 horas, 6 euros).

La pieza se enmarca dentro del teatro documental, «más cerca de la poesía que de la narración de ficción», en la que traza una tesis que establece en Atacama el origen de la gran minería, la industria armamentística y el mercado del arte contemporáneo.

«Desarrollamos cómo en el lugar más despoblado del mundo, el más árido del planeta, nacen tres de las cuatro grandes industrias del siglo XX», advierte el artista que solo da un apellido como hilo que cose estas tres esferas: familia Guggenheim, «que antes de ser conocidos como filántropos del arte fueron industriales mineros».

No se le escapa la contrariedad de meter el dedo en el ojo del arte contemporáneo desde dentro. «Nuestra postura no quiere ser cínica. Me reconozco parte de este entramado y que el dinero que me mantiene seguramente viene de algún lado que está manchado», apostilla y confiesa que le gustaría no formar parte de ello, pero no lo ha conseguido.

El poeta chileno Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura, es otra de las claves del espectáculo. Además de dar título a todas las entregas de Pacífico, sus versos lo alientan, sobre todo la obra que aborda la relación entre el desierto y el océano y aquellas palabras suyas que hablan de que él siempre ha creado desde la barbarie, pero con la única intención de generar amor.

«Es uno de los pilares de esta pieza. Hablamos de un territorio donde se produce barbarie desde hace siglos, pues vivir en un sitio sin agua no es fácil y aun así residen muchas personas en pos de la industria minera, sobre la que se asienta la economía del país, pero nuestra única intención es que a partir de ello se genere algo bello. No obviamos la historia dramática del lugar, pero también contamos sus posibilidades», observa el artista, hijo de esas condiciones.

¿Cómo se lleva todo esto a escena? Antes de meterse en harina, el autor especifica su procedencia del mundo de la videocreación y su fascinación por lo que él llama artes escénicas raras, es decir, lo que suele programar Escena Abierta. Dicho lo cual, explica que siempre que está ante una obra audiovisual ve un vídeo proyectado sobre un plano y su obsesión -«lo que realmente me mueve, como a muchos creadores, es la obsesión»- es hacer que esa imagen se despegue de ahí.

«Extraños mares arden es un plano secuencia. El público ve un documental donde el vídeo no existe. Tengo la obsesión de hacer una pieza de vídeo donde no haya vídeo. Es un acicate para desarrollar mi trabajo. Todo lo que se ve en escena se dirige a eso: la iluminación diseñada por Ana Rovira, cómo se encadenan las distintas escenas, cómo se dice el texto, la banda sonora -en directo, de la mano del productor de música electrónica Juan Cristóbal Saavedra-…», acierta a explicar sabedor de que es difícil de entender hasta que no se ve.

Además de creador y autor de la puesta en escena y dramaturgia, Toloza-Fernández la interpreta junto a la bailarina Laida Azkona Goñi.

También es el artista chileno otro de los viejos conocidos del Festival Escena Abierta. Miembro de la compañía de Roger Bernat desde 2007, fue sus ojos y sus manos en la puesta en escena de Please continue: (Hamlet) en el Palacio de Justicia hace dos años.

Y, como el resto de colegas que se sientan en la silla de la sala de juntas para explicar su propuesta, lanzó flores al encuentro burgalés, al que definió como un fuerte apache: «No quedan muchos sitios en el estado español con festivales de estas características, con una programación tan valiente. Cada año se cierran más y más espacios».


Por Almudena S.R para El correo de Burgos.

 

 

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