Azkona & Toloza denuncia los delirios de grandeza colonialista en ‘Teatro Amazonas’

Escrito por Ana Oliveira Lizarribar para Diario de Noticias. Foto de Tristán Pérez-Martín.

Laida Azkona, en una escena de 'Teatro Amazonas'.

Hace siete años, y sin pretenderlo a priori, Laida Azkona y Txalo Toloza emprendieron un camino artístico y de investigación antropológica, etnológica, histórica y política que, con el paso de los años, ha tomado la forma de una trilogía documental en torno a la mirada colonial y a la responsabilidad de Europa en las barbaries cometidas contra el territorio y contra varios pueblos de Latinoamérica. Así, enmarcado dentro del ámbito de las artes vivas –teatro, danza, videocreación, música, etcétera– este proyecto, titulado Pacífico, tuvo su primera manifestación en Extraños mares arden (2014), a la que siguió Tierras del Sud (2018) y, por último, Teatro Amazonas (2020). Esta última se representará el viernes 29 de enero, a las 19.00 horas, en el Teatro Gayarre.

Preestrenado en abril del año pasado en el marco de una residencia realizada en el festival DNA de Navarra y estrenado en julio en el Festival Grec de Barcelona, Teatro Amazonas habla del delirio de grandeza. Así, como comenta Txalo Toloza, “el territorio amazónico siempre se ha descrito desde el exterior como un sitio exuberante, peligroso, inaccesible, lleno de riquezas, y desde que hace 500 años comenzaron a llegar los primeros europeos, se han ido sucediendo infinidad de empresas que coinciden en ese delirio de grandeza; en ese sentimiento tan propio del ser humano que se traduce en que tu deseo pasa sobre todo”. Por ejemplo, continúa el investigador chileno, “si yo quiero hacer dinero con el caucho, me va a dar igual las consecuencias que puede tener eso para la gente y para el territorio”. Pero esta no es una pulsión exclusiva del capital, sino que también se encuentra en otros ámbitos como el artístico. “Estamos en las mismas si hablamos de Werner Herzog intentado sacar adelante Fitzcarraldo allí, sin apenas equipo, con poco presupuesto, pero con una travesía aun más complicada, un barco más grande…” Al final, “ese deseo, ese delirio también nos ciega a los artistas y muchas veces nos impide ver el daño que estamos causando a nuestro alrededor”. “Como creadores, sabemos que algunas de las piezas que hacemos tienen que ver con cumplir un deseo; el deseo mueve la sociedad y, aunque es comprensible, también puede ser peligroso”, indice Toloza.

un teatro de ópera en la jungla En concreto, en Teatro Amazonas, esa tendencia a la megalomanía se plasma en dos construcciones absolutamente desproporcionadas. Una de ellas es, precisamente, el Teatro Amazonas, promovido a finales del siglo XIX por empresarios del caucho que “decidieron hacer un teatro de ópera digno de Europa en medio de la Amazonía”, concretamente en Manos, transportando todos los materiales directamente desde el viejo continente. Desde su inauguración en 1896 ha sido restaurado cuatro veces, en 1929, en 1974 y, más recientemente, entre 1988 y 1990. Actualmente tiene 701 asientos cubiertos de terciopelo rojo.

El segundo paradigma que Azkona y Toloza utilizan en este montaje es el estadio Arena de Amazonía, inaugurado en marzo de 2014 como una de las 12 sedes del Mundial de fútbol. También está en Manaos, “un lugar donde el fútbol no importa nada”, incide Toloza.

DOS VIAJES, MÚLTIPLES TESTIMONIOS


Como cuenta la pamplonesa Laida Azkona, para preparar esta pieza, realizaron dos viajes a la Amazonía. Uno de ellos a la zona de Leticia, en el sur de Colombia, desde donde visitaron también a Puerto Nariño, “un pueblo muy agradable en parte porque no hay coches, pero, claro, allí nos dijeron que lo habían concebido así pensando en los turistas, no en las comunidades locales”; así que, en ocasiones, “no sabes hasta qué punto los lugares son turísticos o reales”. Y es que, en palabras de la bailarina, coreógrafa e investigadora, “en este viaje nos movimos todo el tiempo entre estos dos imaginarios: por un lado, el de la literatura, los documentales y la información que hemos consumido sobre esos lugares tan ajenos y que nos hacen pensar que los conocemos, y, por otro, el de la realidad”. Una realidad plasmada en los testimonios que recogieron entre los autóctonos y “que nos trasladaron una concepción tan distinta que tienen del ser, del vivir”. Varios de ellos aparecen en la obra, igual que los que recopilaron en su viaje a Manaos, “una ciudad de 2 millones de habitantes en medio de la jungla, pero que vive de espaldas a ella”, por esa creencia de que ser de ciudad es estar más arriba en la escala social. Desde Manaos se trasladaron a Santarém a través del río Tapajós, “que viene del Matto Grosso, donde es donde está Fordlandia, que fue ideada en los años 30 del pasado siglo por Henry Ford como una gran plantación de caucho, pero fracasó. “Y hoy en día es importante porque constituye el corredor de toda la soja que Brasil saca hasta el Atlántico, desde donde llega a Europa”. Teatro Amazonas incluye también testimonios de los habitantes de esta comarca.


ATACAMA, PATAGONIA, AMAZONAS


Con esta tercera pieza, Azkona y Toloza cierran Pacífico, un periplo que les ha proporcionado dos aprendizajes principales. El primero tiene que ver con que “nos hemos dado cuenta de que nos gusta mucho investigar, documentarnos; meternos con todos los sentidos en un tema”. El segundo ha sido “descubrir que el punto de vista colonialista, la manera que tenemos de mirar y de ver a los demás, lo tenemos totalmente integrado; incluso yo, que soy latinoamericano”, admite Txalo Toloza. “Me recuerda a los micromachismos, hay pequeños detalles en nuestra manera de ver el mundo de los que no nos damos cuenta, pero que tenemos asimilados. Europa tiene aun mucho trabajo que hacer para asumir esa responsabilidad y para ser consciente de la carga colonial que tiene su estado del bienestar”, agrega.

Precisamente, su relación con el desierto de Atacama, de donde era oriunda su abuela fue el origen de la primera propuesta de Pacífico, Extraños mares arden, que aborda la relación entre la familia Guggenheim con la industria minera en aquel territorio. “Y a partir de ahí decidimos hacer la segunda”, Tierras del Sud, que refleja el conflicto entre entre el Estado argentino, el pueblo mapuche y la familia de industriales textiles Benetton, dueña de 1 millón de hectáreas en la Patagonia. El siguiente paso estaba claro, el Amazonas. En las tres obras “descubrimos que los hechos de barbarie contra los pueblos latinoamericanos no son aislados, sino que forman parte de estrategias que el capital ha utilizado una y otra vez para conseguir sus objetivos. Tiene que ver con una manera de ver el mundo”, termina.