1 de enero de 1994

Intervenció de Txalo Toloza-Fernández al 19è Fòrum Indigestió.

El 1 de enero de 1994 y coincidiendo con la activación del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México, se lleva a cabo en la selva de Lacandona, en el estado mexicano de Chiapas, el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en compañía de decenas de pequeñas comunidades indígenas organizadas para darles apoyo. Y esto sucede luego de años y años de un trabajo valiente, arduo y sin pausa, llevado casi totalmente en silencio, desde la clandestinidad. Pasando desapercibido para la sociedad mexicana, su ejército y su gobierno.

5 años después de esto, en 1997 y sin ninguna relación con este hecho, yo dejo Santiago de Chile y vengo a vivir a Catalunya. Y automáticamente y casi sin darme cuenta, me transformo en un inmigrante. Mi primera parada fue el barrio de La Florida en L’Hospitalet de Llobregat, entre las estaciones de metro de Torrassa y Pubilla Cases. Un barrio que en esa época era sobre todo un barrio de familias andaluzas y extremeñas llegadas a Catalunya en los últimos años del franquismo.

Han pasado más de 20 años de ese momento y ahora, La Florida es un barrio que acoge a familias de inmigrantes peruanos, ecuatorianos o dominicanos, entre muchos otros países.

Han pasado 20 años de ese momento y yo sigo siendo un inmigrante. Un inmigrante que pese a pagar sus impuestos y su cuota de autónomos sigue sin derecho a voto. Un inmigrante que pese a llevar trabajando mas de diez años como técnico de teatro, no puede acceder a una plaza como técnico en ningún teatro público catalán, básicamente, porque no cumplo el requisito de ser un ciudadano europeo. Y no lo soy, entre otras cosas, porque me niego a ser súbdito de un rey.

Por otro lado, en los últimos dos o tres años, varios de los que seguimos las redes sociales, nos hemos encontrado con la reapertura de un debate, a ratos muy duro, sobre la importancia y es más, sobre la existencia de la cultura charnega en Catalunya. Un debate sobre la existencia de la cultura charnega en Catalunya. En el 2021.

Pienso, por ejemplo, en todo lo que se armó con el Festival de Cultura Txarnega comisariado por Brigitte Vasallo y Emboscada Col.lectiva para el Ateneu L’Harmonia, o en los encendidos comentarios a las respuestas que Juana Dolores dio a Andreu Gomila en una entrevista, coincidiendo con el premio Amadeu Oller y pocas semanas antes del estreno de su primera pieza escénica.

Y cuando recuerdo todo esto, pienso que si en 2021 el debate continúa siendo la existencia o no de la cultura charnega es que realmente vamos tarde. Muy, muy tarde. Y no solo tarde con la cultura charnega, sino también y sobre todo, con las decenas de otras culturas llegadas de la mano de la inmigración que resisten, gracias a un trabajo muy duro y valiente, en las calles y plazas de nuestros barrios. Siendo casi siempre silenciadas o ninguneadas o, lo que es aún peor, folclorizadas. Casi desde la clandestinidad.

Y cuando pienso en esto, me acuerdo, evidentemente, de la infinidad de otros escenarios posibles de los que hablaba Nando Cruz en su columna semanal de El Periódico. Bares o salas de concierto de nuestras ciudades donde se puede escuchar reggaetón duro, salsa brava, pop del punjab o música magrebí. Sitios donde incluso se puede escuchar música altiplánica, música que el maestro Raúl Zurita describe como la más bella del mundo.

Y cuando pienso en todo esto, no puedo dejar de pensar en la clase de P5A de la Escola Poblesec, la clase d’Els micos i les mones, la de mi hija Lur, hija de vasca y de chango. Una clase de un colegio público, donde más de 20 de los 25 niños y niñas que asisten son hijos e hijas, de esa bella inmigración.

Y cuando pienso en ellas y ellos, no lo hago ni con pena ni con tristeza, si con esperanza. Tal vez con una esperanza tonta, pero esperanza, al fin y al cabo. Porque si no somos nosotros serán ellos y ellas, nuestros hijos e hijas en compañía de sus compañeros y compañeras catalanas, las que más temprano que tarde acabarán marcando un nuevo 1 de enero de 1994 en el calendario. Y ese día el levantamiento no será en la selva de Lacandona. Sino que será La Florida, en Nou Barris o en Poble Sec, en las calles y en las plazas de nuestros barrios, en las periferias de nuestras grandes ciudades.

Y cuando eso pase, cuando por fin las culturas migrantes dejen de ser invisibilizadas y se transformen en agentes políticos reconocidos por la sociedad catalana, será el día en que, por fin, este país que estamos soñando entre todos se transformará en la casa de todas y todos. Porque al fin, ese país imaginado por todas será casa nostra.

Seguramente, esto que estoy contando no pasará nunca. Seguramente es pura literatura o poesía. Pero eso no importa. Porque a muchas de nosotras la poesía nos marcó el rumbo y nos salvó la vida.

Txalo Toloza al 19è Fòrum Indigestió. Foto: Carles Llàcer