Geológicamente hablando

De Marta Durán para Red Escénica.

Canto mineral es la última creación de AzkonaToloza e inaugura la trilogía “Falla”. Y es, a todas luces, un inicio de proyecto fulgurante. Es una propuesta que recentra las temáticas exploradas previamente en su trilogía “Pacífico” y las lleva a un terreno más fantástico y sublime como lo es el mundo mineral. En un impulso más afín a lecturas ecologistas o posthumanas, AzkonaToloza enlaza diversas dimensiones del objeto mineral en una línea dramatúrgica que explora nuevas inquietudes formales, aunque sin dejar atrás todo el trabajo y su sensibilidad sobre la violencia colonial. Es una creación que demuestra la maestría conseguida a pulso durante todos estos años y logra evitar repetir una fórmula hasta la náusea –peligro que corren, muchas veces, compañías de este calibre.


Tras ese “frenar y escuchar” de Teatro Amazonas, AzkonaToloza sitúa como el gran Otro lo mineral. La alterización es explorada radicalmente: lo mineral como objeto positivo que cohabita junto con el humano, como objeto terrible y mortal para cualquier tipo de vida, como objeto neutro que sobrepasa cualquier categoría humana de comprensión. Todas estas lecturas confluyen y se resisten unas a otras, permitiendo una lectura de aquello ajeno –lo mineral– sin domesticarlo ni simplificarlo. Esta apuesta tan honesta y hasta la raíz, y sobre todo la capacidad de AzkonaToloza de conseguir llevarla a cabo, es una virtud en sí misma. La alterización es presente no tan solo en contenido sino también presente en todas las elecciones dramatúrgicas de manera clara y expresiva.

Canto mineral de Azkona Toloza ©Sílvia Poch

Es habitual usar el verbo “encarnar” en el ámbito de las artes escénicas, pero en este contexto me animaría a denominar lo que hacen en este escenario como “mineralizar”. La piedra como lugar de (in)comprensión en el mundo, flexible, viva y muerta a la vez, que traspasa todas las dimensiones de la pieza. El concepto de tiempo escénico es gestionado desde la piedra como “hiperobjeto” –en la línea de las reflexiones ecologistas de Timothy Morton que ya apunté en la crítica de Dels intestins una soga i del cul un sac de gemecsAquí, la piedra se explora como objeto sublime que nos excede y nos presenta una nueva realidad –una nueva temporalidad– a la que ni tan solo podemos acceder de manera plena. AzkonaToloza teje con maestría un espacio donde presente, pasado y futuro se interpelan y donde las distancias temporales ayudan a crear relato y al mismo tiempo extrañarnos. El recorrido del Big Bang a odiseas espaciales futuras, de la vivencia del día a día al legado que dejaremos a las futuras generaciones, consigue crear una sensación de vorágine que coexiste con la sensación de estar ante una historia bellamente contada.

Canto mineral de Azkona Toloza ©Sílvia Poch

La sensación de coexistencia es presente en la estructura dramatúrgica de la pieza –los cantos y paradigmas que la estructuran–, la centralidad de la música, y la escenografía impecable de esta pieza. La separación entre materia viva y materia muerta pasa a ser indiferente; se relativiza la diferencia entre ciencia y mito, entre ser humano y mundo, y se construye un espacio donde el objeto mineral y mudo es el protagonista de la acción. Este protagonista se esparce desde los asteroides hasta la ceniza volcánica, pasando por ropa fosilizada: un verdadero despropósito de personaje, muy en línea de la exploración de AzkonaToloza. Este último punto tensa, me atrevería a decir, su trilogía anterior y nos ofrece una propuesta que expande la definición actual de teatro documental hasta límites insospechados –un teatro documental posthumano, al fin. Otra elección dramatúrgica por destacar es el rol central de la música esta pieza, cuyo espacio sonoro corre a cargo de Rodrigo Rammsy y Conrado Parodi. El sonido como lenguaje no figurativo a base de resonancias es un espacio ideal para construir este Canto mineral, y la obra nos brinda momentos profundamente bellos. Todo vibra entre sí en esta pieza; una clave de entrada hacia aquello extraño por la que ha apostado esta obra con un resultado impecable.

Canto mineral de Azkona Toloza ©Sílvia Poch

El espacio escénico diseñado por Xesca Salvà y MiPrimerDrop se merece un párrafo por sí mismo. Con una base inicial sencilla, el escenario se complejiza a base de estratos hasta llegar a un final radicalmente bello, posthumano y honesto –y, como se puede asumir, secreto: no me dedicaré a destripar la última estampa. El material mineral es explorado en todas sus dimensiones –físicas, sonoras, lumínicas, y un larguísimo etcétera más fácil de presenciar que de describir– y la imaginación presente en cómo se explora, explota y sitúa lo mineral es deslumbrante. Aunque este mecanismo de acumular objetos y crear escenografía a lo largo de la pieza no es nuevo en una producción de AzkonaToloza, en esta pieza llegan a un nuevo nivel estético y dramatúrgico con este mecanismo. Recogiendo el hilo conceptual que presentaba antes, permiten al objeto mineral narrarse a sí mismo en su propio lenguaje. Creando sustratos que interaccionan entre ellos, permiten introducir al mismo nivel que lenguajes más típicamente humanos –el habla, la música, la iluminación– la manera de generar sentido del mineral, que es a través de procesos tales como la acumulación, la estratificación y el desgaste. Elecciones como esta hacen de Canto mineral una pieza redonda con apenas cabos sueltos.

Esta creación, a causa de las bellas imágenes que la atraviesan y el tono informativo más relajado que piezas anteriores, se podría entender como un departir más lírico de AzkonaToloza. Pero hay otra manera de entenderla, y la opción por la que me decanto, que es leerla como una apuesta fuerte por una de sus preguntas iniciales –“¿sirven nuestros códigos para este universo?”– llevada hasta extremos insospechados. En cierta manera, es volver otra vez a la raíz del teatro documental. Aquí los creadores, los supuestos sujetos de la ecuación, se acercan a aquello que investigan e impugnan la distancia que les separa: en Canto Mineral, AzkonaToloza consigue escenificar el acto de comprender en su más primigenia sencillez.

FICHA TÉCNICA

Autoría y dirección: Laida Azkona Goñi y Txalo Toloza-Fernández/ Performers: Laida Azkona Goñi, João Lima, Rodrigo Rammsy, Txalo Toloza-Fernández/ Voz en off: María Luisa Solà/ Dramaturgia: Laida Azkona Goñi y Txalo Toloza-Fernández con la colaboración de Raquel Cors/ Espacio escénico: Xesca Salvà y MiPrimerDrop/ Estilismo: Sara Espinosa/ Iluminación: Ana Rovira/ Audiovisuales: MiPrimerDrop/ Sonido y banda sonora original: Rodrigo Rammsy/ Construcción e investigación instrumental:  Rodrigo Rammsy y Conrado Parodi/ Grabación imágenes de las piedras: Daniel Lacasa/ Ayudante de dirección: Raquel Cors/ Dirección técnica: Conrado Parodi/ Producción ejecutiva: Helena Febrés Fraylich/ Coproducción: Teatre Lliure y AzkonaToloza/ Con la colaboración de: Théâtre Garonne y Antic Teatre/ Fotografía: Sílvia Poch